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Publicado el jueves, octubre 20, 2011 en las categorías ,

Este verano pasamos unas minivacaciones -3 noches- en las playas de Alicante, justo entre las comarcas de la Marina Alta y la Marina Baja. El viaje a la zona fue precioso puesto que también descubrimos una tranquila zona interior rodeada de vegetación y poblaciones tranquilas que transcurre de Alzira a Tavernes justo por las comarcas de Ribera Alta y Valldigna, aun en la provincia de Valencia.

Nos hospedamos en un estupendo complejo Altea Beach en el puerto deportivo de Pueblo Mascarat. Altea se encuentra en la Marina Baja y es un pequeño municipio con varios monumentos y lugares de interés. Al ser su playa de rocas acudíamos a Calp (Calpe) que se encuentra en la Marina Alta. Calpe teniendo unos pocos habitantes más tiene aspecto de pequeña ciudad con el Peñón de Ifach al fondo. Sus playas son de arena fina con un paseo salpicado de pequeños restaurantes.


Nuestro modo de vida diario era el siguiente: Desayuno en el apartamento con vistas al mar, con las olas golpeando las rocas para pasar todo el día en la playa de Arenal-Bol. Para comer, que es lo que nos ocupa en este blog, vimos que se puede hacer estupendamente en cualquier sitio con unos menús de unos 10€ con dos platos, postre bebida y pan tostado con alioli. La gente es muy amable y la comida muy interesante. Las ensaladas muy completas. Y los arroces estupendos con sus garrafons y tirabeques.


Por la noche, la oferta de cenar o tomar un helado se presentaba en Altea, mucho más tranquilo y con multitud de lugares a lo largo del paseo junto a la Playa. Nos llamó la atención una pizzería muy coqueta llamada Brava pero la última noche, cuando habíamos decidido ir, era el día que libraban. En la zona del paseo Joaquín Planell existen infinidad de restaurantes de diferentes cocinas y precios con terrazas al exterior. Estuvimos en otra pizzeria, Pizza 4U, con una terraza muy agradable, comida sabrosa y buen servicio.

La climatología es estupenda casi todo el año, por lo que es una zona altamente recomendable.
Publicado el martes, septiembre 20, 2011 en las categorías ,

Os vamos a contar una estupenda comida en el pazo que tienen mis tíos Muchi y Tini en Montesalgueiro, en A Coruña. Desde hace 14 años viene realizándose en agosto en el puente de la Virgen. Durante los primeros años, y debido a que el pazo estaba en rehabilitación, se trataba de una comida en un restaurante cercano, ya cerrado, donde servían el mejor cabrito asado que hemos comido nunca. Todo ello en el entorno de Montesalgueiro a unos 45 km en el interior.

Desde hace unos años y una vez acabada la casa, la comida se realizaba en el pazo con el cabrito traído desde aquel restaurante. Llevábamos un montón de años sin ir -la ultima vez fue en 2008 pero nosotros solos a principio del verano- y este año coincidiendo con el puente perfecto, acudimos a la comida. Este año éramos 22, entre familia y amigos. Como iba a ser el domingo 14, viajamos el viernes a Ponferrada y desde allí iríamos el mismo domingo puesto que la distancia entre el pueblo y Montesalgueiro es de unos 170 km.


La mañana del domingo se presentó lluviosa -un alivio para mí que venía del bochorno madrileño-. Llegamos al pazo pasado mediodía y mientras iban llegando los invitados fuimos degustando una estupenda empanada de Raxo y unos aperitivos. Arturo había llevado unas estupendas botellas de vino de su elaboración. En el porche nos fuimos reuniendo con los que iban llegando y pasadas las tres comenzamos la comida. Al ser tantos se prepararon 3 mesas, la principal con los hombres; una con los jóvenes; y la última con las mujeres. El menú muy atractivo: unos centollos gallegos fabulosos, callos con garbanzos, y una estupenda carne guisada con patatitas que veis en la foto. De postre, brazo gitano. Y más allá cafés, aguardientes y cava.


En la sobremesa estuvimos charlando ampliamente mientras se cantaba todo el repertorio 'bodeguero' de canciones de El Bierzo. La verdad es que el tiempo pasaba volando y cuando caía la noche el personal empezó a desfilar ya que se jugaba la ida de la supercopa Real Madrid-Barça. Nosotros ya habíamos decidido quedarnos y viajar a medianoche. La tele es pequeña pero ya habíamos vibrado todos allí con el Italia-España de la Euro 2008. Pude disfrutar otra vez de un poco de carne con esas patatitas tan ricas y un buen rioja.


Galicia tan verde, lluviosa y tan misteriosa como siempre. Además se come tan bien...
Publicado el martes, junio 01, 2010 en las categorías ,

LA VISIÓN DE SUSANA
La primera vez que estuve en Roma fue hace 17 años, en el viaje de fin de curso de 3º de BUP. La verdad que los recuerdos de aquella visita son diferentes a los de esta vez. En aquel momento disfrute de otras muchas cosas y mi visión fue diferente. Imaginad que fue de lo que más disfruté...


Está última vez llegamos a Roma el viernes por la noche, a eso de las once. Fuimos al hotel, supercéntrico, al ladito de Termini -la estación de tren y autobús, vamos, una especie de intercambiador gigante-. Pensamos en salir a tomar un cerve y comer algo, pero por esta zona la cosa estaba un poco muerta. Yo pensaba, por mi experiencia en el norte de Italia, que iba a estar muerta la ciudad por la noche pero he de decir que no es así. El sábado por la noche estuvimos en el Trastevere, y estaba llenito de gente en bares, terrazas, restaurantes. Un barrio con mucho encanto, me recordó al ambiente de nuestra 'La Latina'.

En el Trastevere estuvimos cenando en una terracita y la verdad es que no elegí muy bien el plato principal. Era una pasta de sémola de trigo duro con almejas. En realidad me sabía a pescado en salsa verde. Pero lo que si me gustaron fueron los entrantes. Probamos fiori di zucca (flor del calabacín) como a la gabardina que estaba riquísimo y es típico de la cocina romana. También son muy romanas las aceitunas rellenas de carne -parece raro ¿a qué si?-. Al final era unas albóndigas de carne con aceitunas, nada especial, pero también muy típicas.

Coger el autobús para ir al Trastevere -en general para ir a cualquier sitio- fue una de las aventuras del viaje. No se si lo sabéis, pero en Roma no se paga en el autobús y creo que en el metro tampoco por lo que el autobús iba de bote en bote. No se cabía e íbamos de pegatina en la puerta. En algún momento pude tener hasta miedo.


Roma es una ciudad con mucho encanto, por su gente, por sus calles, por todo el arte que se ve a cada paso que das por la ciudad. También es caótica, pero a eso nosotros estamos acostumbrados, no es una novedad. En esta visita, lo que más me ha gustado ha sido la Basílica de San Pedro en el Vaticano, no tenía muchos recuerdos de mi primera vez en Roma, y he de deciros que es impresionante desde el principio, cuando llegas a la plaza hasta cuando te vas a alejando de ella, la vista es impresionante.

De todo lo que visitamos, el Moisés de Miguel Ángel no lo había visto anteriormente y me encantó. Está en una iglesia –podríamos decir cualquiera- que llama San Pietro in Vincoli, y allí se encuentra en un lateral,casi pasando desapercibido, pero no... es impresionante. Que belleza tienen las esculturas de Miguel Ángel.

Solo deciros que volveré a Roma y espero no tardar otros diecisiete años.

LA VISIÓN DE DAVID
Mi visita data de 1999 pero imagino que todo seguirá en su sitio. Fuimos Gema y yo en una estupenda semana de marzo. El tiempo acompañó y el sol apretaba.

Nosotros en lo cultural nos quedamos con la parte que nos interesaba y conseguimos ver casi por completo: la Roma Imperial. Las torres de Trajano, Largo di Torre Argentina, el Teatro Marcelo, la Boca della Veritá, el Panteón, Piazza Navona, el fabuloso Foro, y por supuesto el Coliseo.


Gastronómicamente, la ciudad nos pareció muy interesante, pero cuidado, sin referencias siempre se va a la aventura. El primer contacto lo tuvimos en la terraza de nuestro hotel, Imperiale, en Via Veneto. Deliciosa pasta en un cenador de cristal en plena calle. Otro sitio recomendable fue a base de ensaladas sorprendentes y pizza/pasta. Se encontraba en Largo di Torre Argentina y creo que se llama Rossopommodoro, una cadena de restaurantes bastante económicos.


A final de la semana hicimos la visita obligada a la Ciudad del Vaticano, y allí encontramos una joya, La Taverna de Lino (Via Tunisi, 18), aparentemente un lugar de turistas, pero con una cocina sabrosa, auténtica y barata (ver foto).

Durante la semana probamos diferentes sitios, todos ellos céntricos y con comida muy interesante, pero dentro de nuestra ignorancia y con altas dosis de intuición. Finalizando en la ciudad eterna, el último día disfrutamos de la noche romana, que en aquella época rivalizaba con una bombilla de 40w, en un vetusto restaurante entre Via Veneto y Vila Borghese, en Via di Porta Pinciana. Actualmente no se si sigue abierto y dónde se situaba exactamente. Se trataba de un típico restaurante romano, regentado por un señor entrañable. La cena era amenizada por un trío de músicos entrados en años que cantaban típicas canciones. Allí me comí un risotto increíble y quedamos en volver cuando naciera nuestra hija -Gema estaba embarazada de Paula-. Aun no hemos vuelto y ya toca.
Publicado el martes, junio 01, 2010 en las categorías ,

Hoy os quería contar mi experiencia en una casa tradicional marroquí. Es una familia que vive en Ksar el Kebir -que quiere decir el Gran Alcázar-, un pueblo cerca de Larache, cuya principal característica es la producción de hierbabuena. Yendo hasta allí desde Asilah, pasamos muchos, pero muchos invernaderos, donde se cultivan fresas y frambuesas. Muchas de las que nos comemos en España son de allí. Me pareció muy pintoresco el atuendo de las campesinas que nos íbamos cruzando por el camino. Iban con faldas largas, de manga larga -como manda Alá- , con el pañuelo en la cabeza y después una gorra, y todo esto sin pensar si pegaban o no los colores… ¡un cuadro!


Después de este pequeño inciso marujil que me ha salido, os cuento que íbamos a llevar a Fátima a ver su a madre. Fátima trabaja con mi amiga en España. Su madre es viuda y vive sola construyendo una casa enorme para cuando vengan sus hijos de vacaciones, ya que todos viven en Europa. Esta señora, de la que no recuerdo su nombre, nos preparó una comida riquísima base de pescado frito, pollo, ensalada, fruta. Una comida muy abundante.


Después fuimos de paseo a casa de los suegros, que nunca habían visto un europeo... Entramos en la casa y nos recibieron los suegros; él vestido normalmente y ella en camisón de algodón con florecitas hasta los pies y el pañuelo negro; atado como suelen las señoras de aquí en los pueblos. Después nos presentaron a su nuera, una chica de 19 años guapísima ataviada similar, que tenía un bebe precioso. Nos sentamos en un salón enorme con todo el suelo cubierto de alfombras.

Estaban alucinados con nuestra presencia además porque algunos 'de los nuestros' sabían dariya, un dialecto usado en el magreb de uso solo oral y que utiliza términos franceses y españoles. Cuando llevábamos allí diez minutos, se presentaron con la merienda a base de te, café, leche, una tortitas hechas de con harina y agua -que si mal no recuerdo se llaman 'raif' o algo parecido-. La masa se estira y estira y se va doblando quedando como un libro y luego se mete en el horno, de verdad que es algo riquísimo. Para acompañar las 'raif' había mantequilla casera y mermelada.


Otra cosa que me llamó mucho la atención fueron los huevos cocidos espolvoreados con cominos molidos, es muy típico de Ksar el Kebir y con los que también acompañan los 'raif'.

La merienda fue estupenda ya que esta gente es realmente hospitalaria y me divertí muchísimo. Nunca me olvidaré de esta familia tan simpática.
Publicado el martes, diciembre 15, 2009 en las categorías ,

A propósito de estas fiestas que vienen os recomiendo estos dos sitios. El garito por el que me preguntaba David el otro día, se llama El Palomar y está en Brieva, Segovia (porque creo que hay otro en Ávila o algo así).

Formas de ir. Mi consejo es el siguiente: Salir de Madrid por la carretera de Colmenar en dirección a Navacerrada (M-607). Cuando llegamos a Navacerrada, tenemos varias opciones, pasar al pueblo y en la plaza tomarte unas cervecitas o continuar por la M-601 y subir el puerto de Navacerrada. Una vez en el puerto podemos repetir la opción del pueblo, pero me parece más acertado darse un paseíto por el campo.

Continuamos nuestro camino en dirección a La Granja de San Ildelfonso -no confundir con la Granja de San Francisco, que esa es otra historia- por la CL-601 y nos encontraremos con un pueblo que se llama Valsaín. Ahí es donde yo recomiendo que se haga la parada técnica para comer. Además al que le gusten los caballos, Valsaín es como un inmenso picadero en el cual puedes alquilar caballos y darte un gran paseo por sus praderas.

A mí me gusta comer en un sitio que se llama El Porrón, un bar muy pequeño en su interior pero que tiene una gran terraza exterior. Muy recomendables sus tortillas, ensaladas, chorizo desmigado, huevos con patatas, etc. Como es muy pequeño y la terraza solo es utilizable en verano y algunos días del invierno que hace bueno, hay dos turnos para comer. Uno sobre la 13,30h y otro sobre las 15,30h. De todas formas esto puede cambiar mucho de una temporada a otra.

Para terminar la visita, podemos continuar por la CL-601 hasta La Granja. Si tenemos tiempo y es hora de visita, un paseo por sus jardines no esta nada mal. Después de esto, nos dirigimos a Brieva, para lo cual cogemos la SG-V-6124 hasta Torrecaballeros y desde Torrecaballeros cogemos la SG-P-2222 hasta Brieva. Una vez allí, buscamos El Palomar y nos tomamos un café/copa/lo que sea. El sitio la verdad es encantador, sobre todo la parte de arriba tipo chill out. También se puede ir por otro sitio, a mí no me gusta, pero la carretera es mas segura. Salimos de Madrid por la A1/E5 y aproximadamente sobre el Km 99 esta el desvío hacia Segovia N-110 . Esta carretera nos lleva a Torrecaballeros, cogemos la SG-P-2222 hasta Brieva. Una vez allí, al Palomar.

Creo que tengo los teléfonos de los dos sitios en cuestión:

El Porrón: 921 47 07 22 (Valsaín)
El Palomar: 921 40 41 09 y 921 40 40 93 (Brieva)

Besos, abrazos y recuerdos a la titamariafelnanda.
Publicado el martes, diciembre 01, 2009 en las categorías ,

LA VISIÓN DE SUSANA
Este viaje no puede decirse que sea muy gastronómico que digamos, ya es bastante conocido que su cultura culinaria deja bastante que desear, pero si en esa ciudad además se comiera bien… sería un paraíso. Bueno se me olvidaba el tema de la lluvia, pero como en los tres días que he estado no ha llovido nada… para mi en Londres no llueve -qué ironía-.

La cosa no empezó muy bien. Cinco horas de retraso del vuelo en Barajas, y allí comenzamos a no comer bien. Un sandwich de esos de plástico… se trataba de alimentarse, solamente. Después continuamos con unas patatas y guarrerías varias -como dice una amiga mía: gordillerías-. Y así hasta la cena… no sigo que me mosqueo, jajaja.


El sábado se despertó un día esplendido, con sol y no mucho frío, cosa que se agradece en el mes de noviembre y en Londres, por lo que salimos a desayunar y a patear la ciudad.

Buscamos un autobús que nos dejara en la Abadía de Westminster, y salvo que nos bajamos un par de paradas antes de llegar, todo bien. La Abadía por fuera es un edificio impresionante, la planta, etc… Además nos encontramos con la celebración de los veteranos del final de la II Guerra Mundial, estaba lleno de personas mayores con condecoraciones en la solapa de los trajes y muchas cruces de madera en los jardines recordando todos los soldados muertos... no comment.


Después seguimos con el Big Ben, el Parlamento, London Eye…. Paseamos y paseamos y llegamos a Saint Paul, donde estaban confirmándose como 500 niños y tuvimos que esperar como media hora. Este tiempo lo aproveché para darme una vuelta por un supermercado de M&S y comprobé que los londinenses le dedican poco tiempo al comer. Todo estaba precocinado: sandwiches, comida oriental, comida italiana… pero todo precocinado. Muchos y muy variados zumos y chuches, muchas chuches…

Entramos en Saint Paul y subimos a la gran cúpula. Bueno, yo me rajé en 400 escalones… no llegué a los 500, jajajaja. Salimos y nos comimos un bocata de jamón y queso caliente. El pan era riquísimo, con un montón de cereales. Pero os voy a contar lo que comió una inglesa que estaba a mi lado -impresionante-: un vaso de agua caliente con limón y miel. Eso fue todo lo que ingirió la pájara. Ainsss.


Pasamos la tarde en la Torre de Londres, Piccadilly, Trafalgar Square y acabamos en China Town cenando. E hicimos lo que pudimos por nuestra limitación con el inglés, pero estuvo riquisimo: arroz, pollo y cerdo. Ah y rollitos de primavera. En casi todos los escaparates de los restaurantes de China Town colgaban patos lacados, con un aspecto estupendo. La verdad es que es un sitio muy pintoresco y que hay que visitar.

Al día siguiente estuvimos en Candem, un mercadillo estupendo y que si vas a Londres no debes dejar de visitar. Una amiga que vive allí nos llevó a la tienda de una diseñadora de faldas australiana que vive en Londres y sólo vende en el mercadillo y por internet: Nicola Quilter (merece la pena darse una vuelta por su página web). Después caminando y viendo tiendas todas muy peculiares, hasta que llegamos a lo que llaman la 'pequeña Venecia' (por el canal) y fuimos al sitio más peculiar que vi en todos los días, una callecita llena de tiendas de comida oriental, china, árabe… con un olor especial, con colores especiales y con gente que te reclamaba para que compraras sus comidas. Igual es un poco ridículo, pero me pareció estar en Bankok o en un sitio así -realmente no he estado en Bankok, pero por lo que yo me imagino… debe ser algo así-.


Y para comer el famoso fish and chips... pues a mi me encantó en ese sitio con tanto encanto, en esa caja de cartón y con esas patatas.

Podría contaros muchas cosas más, es un ciudad muy interesante a la que me gustaría volver... y volveré.

LA VISIÓN DE DAVID
Yo, cuando estuve en la city, fue hace casi 6 años, por motivos de trabajo. Pero como fue un viaje de domingo a miércoles tuve tiempo de moverme un poco y 'disfrutar' de su gastronomía.

Aterricé de noche un domingo de mayo y se rompió un estereotipo erróneo. En Londres hay mucha marcha, mucha gente de fiesta y mucho restaurante abierto cualquier día de la semana. Pudimos salir a cenar ya cerca de las 11 pero preferimos acomodarnos y en mi caso darme una ducha mientras llegaba un sandwich club del servicio de habitaciones. Estaba alojado en el Meliá White House cercano a Regent's Park. Un hotel muy recomendable (4*) si os lo podéis permitir.


De 9 a 17 lo pasaba en una localidad al norte llamada Harrow on the Hill, donde asistía a un seminario. Para llegar allí, en tren, pasábamos por los aledaños del estadio de Wembley y por todas esas praderas de cuidado césped. Nuestras comidas fueron diversas y rápidas, un italiano pasable, un mejicano y un establecimiento típicamente inglés donde servían el tradicional English breakfast que se consume a todas horas: huevos a la plancha, salchicha, una especie de morcilla -la llamada black pouding-, judías blancas y el grasiento bacon.

En las dos tardes que estuve en la city hubo grandes pateos por la ciudad para ver los sitios más representativos. Para cenar pensé en disfrutar de un chino o un hindú, ambos con fama de encontrarse los mejores del mundo en Londres; pero me asaltó el temor de vivir ese momento 'guiri' así que cenamos en un restaurante especialista en carnes por Picadilly.


La segunda y última noche la pasamos en un turco en la zona de Regent's que tenía bastante buena pinta. Extrañamente e igual que a Susana, hizo un tiempo increíble. Generalizando creo que no tienen una comida marcada y recurren a la italiana, china o hindú, aunque me consta que tontos no son y las nuevas generaciones saben donde encontrar lo bueno.

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