Hoy os quería contar mi experiencia en una casa tradicional marroquí. Es una familia que vive en Ksar el Kebir -que quiere decir el Gran Alcázar-, un pueblo cerca de Larache, cuya principal característica es la producción de hierbabuena. Yendo hasta allí desde Asilah, pasamos muchos, pero muchos invernaderos, donde se cultivan fresas y frambuesas. Muchas de las que nos comemos en España son de allí. Me pareció muy pintoresco el atuendo de las campesinas que nos íbamos cruzando por el camino. Iban con faldas largas, de manga larga -como manda Alá- , con el pañuelo en la cabeza y después una gorra, y todo esto sin pensar si pegaban o no los colores… ¡un cuadro!


Después de este pequeño inciso marujil que me ha salido, os cuento que íbamos a llevar a Fátima a ver su a madre. Fátima trabaja con mi amiga en España. Su madre es viuda y vive sola construyendo una casa enorme para cuando vengan sus hijos de vacaciones, ya que todos viven en Europa. Esta señora, de la que no recuerdo su nombre, nos preparó una comida riquísima base de pescado frito, pollo, ensalada, fruta. Una comida muy abundante.


Después fuimos de paseo a casa de los suegros, que nunca habían visto un europeo... Entramos en la casa y nos recibieron los suegros; él vestido normalmente y ella en camisón de algodón con florecitas hasta los pies y el pañuelo negro; atado como suelen las señoras de aquí en los pueblos. Después nos presentaron a su nuera, una chica de 19 años guapísima ataviada similar, que tenía un bebe precioso. Nos sentamos en un salón enorme con todo el suelo cubierto de alfombras.

Estaban alucinados con nuestra presencia además porque algunos 'de los nuestros' sabían dariya, un dialecto usado en el magreb de uso solo oral y que utiliza términos franceses y españoles. Cuando llevábamos allí diez minutos, se presentaron con la merienda a base de te, café, leche, una tortitas hechas de con harina y agua -que si mal no recuerdo se llaman 'raif' o algo parecido-. La masa se estira y estira y se va doblando quedando como un libro y luego se mete en el horno, de verdad que es algo riquísimo. Para acompañar las 'raif' había mantequilla casera y mermelada.


Otra cosa que me llamó mucho la atención fueron los huevos cocidos espolvoreados con cominos molidos, es muy típico de Ksar el Kebir y con los que también acompañan los 'raif'.

La merienda fue estupenda ya que esta gente es realmente hospitalaria y me divertí muchísimo. Nunca me olvidaré de esta familia tan simpática.

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